lunes, 15 de enero de 2018

¡Qué verde era mi barrio! Titanic


Corría el año 98 cuando se estrenó la película de Cameron. Después de verla en el cine, la alquilé varias veces en el videoclub. Por aquél entonces, internet estaba en ciernes y, las redes sociales, en pañales. Una década antes, cuando tuvo lugar lo que voy a narrar, y que dicho film trajo a mi memoria, ni siquiera sabíamos lo que era un teléfono móvil, cuanto menos, con cámara incorporada. De no haber sido así, quizás el final, hubiese sido otro. Y vale que aquello no fue el drama romántico de Jack y Rose, pero hubo ciertas similitudes que, aunque me este mal el decirlo, me hicieron pensar que algo había trascendido. Más adelante, sabréis a que me refiero.
 
Se llamaba Minerva. Aunque, bueno, en clase, todos la conocíamos por… ¡«La Titanic»! Y es que Minerva era una chica que sobresalía… en todos los sentidos. Melena rubia resplandeciente, en cascada hasta la cintura, cinta de pelo azul celeste y carmín permanente. Belleza griega colosal, de líneas curvas en hipérbole que tiende al infinito. En ella, cualquier medida, era desproporcionada y proporcional. Desde su metro noventa y cinco de estatura a sus «ciento veinte», tanto de contorno pectoral como de coeficiente intelectual. Con estas premisas, podemos deducir que Minerva era una chica que imponía. En la «sección femenina» era la efe mayúscula y, para el sexo opuesto, un diez en «formulación». Idolatrada e inaccesible, era como Palas Atenea paseando su palmito entre los pequeños mortales. Y lo de pequeños, es literal. Si a este currículo, le añadimos que sus ojos azules podían fundir el acero y que su padre era el Jefe de Estudios, ya estaremos en situación de comprender lo que voy a relatar.
 
Todo ocurrió durante el viaje de fin de curso. Íbamos en barco a Tenerife y, nada más embarcar, se levantó un violento temporal en el estrecho. Por indicaciones del capitán, se nos pidió a todos que ocupáramos nuestros camarotes y permaneciésemos en ellos hasta nuevo aviso. La clave estuvo en el reparto de números, que ni los niños de San Ildefonso, habrían hecho mejor.
 
Cuál no sería mi sorpresa, al abrir la puerta del cubículo asignado y encontrarme a la diosa griega, con sus armas sobre la cama, disponiendo peplos y quitones en el armario ropero.
 
—Perdona, perdona, me he equivocado…—me excusé, azorado, reculando hacia el pasillo—.
 
—¡Eh, Hola! Espera… A lo mejor he sido yo… ¿Qué número tienes?
 
He dicho ya que sus ojos azules derretían el acero…
 
—La 1313—dije, interponiendo mi tarjeta a su mirada—.
 
—Pues… No te has equivocado… Tenemos la misma—y sus rayos oculares esquivaron el plástico protector, acertando de lleno en mi centro vital—.
 
—Ehhh… Vale, iré a hablar con el monitor—logré hilvanar, antes de sucumbir—. Habrá sido un error.
 
—No importa, puedes quedarte… No espero a nadie en especial.
 
Minerva no tenía una amiga en particular. Todas querían estar a su sombra, pero no tanto como para que las engullese. Recordé que, a los que no se apuntaban por parejas, el tutor les asignaba un compañero al azar… aunque, por supuesto, siempre del mismo sexo.
 
—Ya,… pero —balbuceé, en mi terca postura de no creerme lo que me estaba pasando, por mucho que su mirada me estuviese diciendo «¿qué problema tienes, estúpido mortal?»—.
 
—¿Dónde prefieres, abajo o arriba?—Zanjó a bocajarro—.
 
Por un instante, me quedé bloqueado, pero su sonrisa iluminó el camarote, como si el sol hubiese encontrado un hueco por entre los negros nubarrones.
 
—La litera—continuó, haciendo un gesto hacia las camas superpuestas—… ¿En cuál prefieres dormir?
 
—Abajo—contesté, sin pensar—.
 
Asintió levemente, mientras se dispuso a quitar sus cosas de la cama que le señalaba.
 
—He visto tus dibujos en clase…—continuó hablando, de espaldas a mí—. Me he reído mucho con las caricaturas que hiciste de los profes. Se te dan muy bien… ¿También pintas otro tipo de cosas, como retratos y eso?
 
Pensé que había llegado el momento de tomar las riendas de aquella conversación surrealista. A fin de cuentas, no tenía nada que perder.
 
—Ehh… Sí. Dibujo desnudos… Del natural.
 
—¿Desnudos?... ¿En serio?—Aquella sonrisa hacía salir al sol de su escondrijo, y yo ya no quería que se fuese el nublado que nos retenía en aquel camarote—. ¡Qué bueno!... ¡Hazme uno!
 
El mismo nublado que impedía a mis neuronas encontrar la luz.
 
—¿Un qué?
 
—Un dibujo, ¿qué va a ser?
 
—Ehhh… ¿Desnudo?
 
—Como quieras… Si así te sientes más cómodo… Tenemos tiempo, hasta que amaine la tormenta.
 
A pesar de mis esfuerzos, no estaba haciendo un gran papel, pero teniendo en cuenta que hablaba con una diosa, no descartaba caer fulminado en cualquier momento y, así evitar el bochorno.
 
—Quiero decir que… Tendrías que posar...
 
—¡Claro!—
 
—Pero… ¿Sin nada?
 
—¡No, tonto! Me pongo el bikini... El resto, te lo imaginas.
 
—No dibujo mal, pero para inventar soy negado.
 
Su gesto pícaro parecía querer decir, «no tendrás que inventar mucho»
 
Sin pensárselo dos veces, se metió en el baño.
 
—¡Prepara tus pinturas, Picasso!—Me dijo tras la puerta—.
 
Me sentía como Goya ante su musa… O mejor, como Fidias puliendo la piedra desde el andamio, a la altura del regazo de su Atenea Parthenos. Cuando salió, lucía un albornoz blanco con el escudo del barco: un ancla y una corona. ¡Qué original!
 
Su melena de oro, su carmín permanente, su cinta del pelo azul celeste, estallaban en vivo arco iris contra el blanco algodón que cubría su cuerpo. Pero cuando éste cayo, ni la aurora boreal era rival para tanta belleza. Allí estaba Minerva, la diosa, tal como Júpiter la trajo al mundo, armada y desalmada, mortal de necesidad.
 
—Pe… pero… ¿Y el bikini?
 
—¿Tu musa lo llevaría?
 
Y entonces, diréis…: «¡Desperté!»
 
¡Pues noooo!
 
¡Dibujé! Con mano temblorosa, eso sí. Pero pude documentar a placer, cada pliegue de su orografía, cada centímetro de su geografía, cada arteria de su hidrografía, cada lunar de su astronomía. Y me empapé de conocimiento. ¡Muérete de envidia Galileo! ¡Qué yo he visto el centro del universo! ¡Venus, vuelve a la espuma, que tu monte es de Minerva!
 
Pero cuando creí que aquello acabaría en boda, la maldita megafonía, anunció la remisión del temporal y nos convocó a todos en la cubierta Paradise.
 
—¡ Por fin libres... Odio los días nublados!—exclamó la titánica Minerva, exultante de alegría, mientras el telón-albornoz, caía de nuevo, dando por concluida la fantasía.
 
Por supuesto, una vez zanjada la situación de emergencia, se revisó el reparto provisional de camarotes y, todo recuperó la «normalidad». El crucero continuó su periplo. Ella volvió a la soledad de su metro noventa y cinco, de sus tetas de infarto, de su brillante expediente, de su carmín permanente. Yo volví al anonimato de la mediocridad.
 
Años después, Minerva, como era de esperar, subió al Olimpo de los dioses. Yo no había vuelto a saber nada de ella hasta que… la vi en la tele. La diosa de la moda la llamaban. Modelo y empresaria, con una simple foto sugerente quemaba las redes sociales.
 
Y yo tenía un desnudo al natural, que no era más que papel mojado, en un mundo digital. Pero eso sí… Era único. Y solo mío.
 
Nunca se lo conté a nadie. ¿Quién me iba a creer?
 
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32 comentarios:

  1. ¡Madre mía! ¡Cómo debía de ser la tal Minerva! Me imagino las caras de pánfilo del protagonista. Me he reído muchísimo. Las descripciones son muy buenas. Me ha gustado mucho el juego que haces Minerva-Atenea, su nombre griego. Son geniales estas historias del barrio. Deberías recopilarlas y hacer una publicación, en serio. Un beso y enhorabuena

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    1. Querida Ana, el día que no tengas el comentario número uno... Pensaré que la he pifiado, ja ja. Es lo que tiene acostumbrarse a lo bueno.
      Me alegro que te haya gustado, en serio, y que te hayas reído, más. A fin de cuentas, es este uno de esos relatos que no pretende más que eso: dibujar una sonrisa. Y bueno, la serie sigue, como son independientes, no hay problema en espaciar los. Cuando tenga unos cuantos, quizás los recopile, como me recomiendas, je je
      Un beso grande, compi

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  2. Wuuuauu imagino a Minerva, y tiene que ser despanpanante, una mujer hecha y derecha, con esas medidas, y con esa descripción tan maravillosa como haces de ella, en verdad toda una diosa como dices, me ha encantado tu relato, y he ido imaginando las escenas y me has sacado sonrisas, y qué bien la dibujaste al natural jajaajaj todo un gran premio el que obtuviste, fuiste todo un privilegiado jjajajaja.

    Maravilloso, y simpático este relato, amigo Isidoro, un placer leerte.

    Besos enormes y feliz tarde.

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    1. El placer es mío, amiga María, y un privilegio que te pases por mi blog para hacerme estos deliciosos comentarios. Y desde luego, ya que te tomas el interés, en pensar que te has quedado con una sonrisa, ya me deja más que satisfecho. El dibujo no se ve muy bien en la ilustración, pero vamos, tampoco es un Picasso, ja ja. Y, por supuesto, no le hace justicia a la modelo
      Un beso enorme María, y que tengas un estupendo dia

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  3. Yo no, escritor. Te lo habrás inventado, jaja. ¡Excelente! ¡Todo un prodigio la mujer para llevar ese apodo! Imagino que, de haber sido el barco, hubiera hecho trizas el iceberg. ¡Vaya suerte la del mortal del relato! Seguro le pesó lo suyo regresar a la normalidad después de tan mítica experiencia. Aunque, cuidado y se desbocaba tomando las riendas el muy avispado... A decir verdad, entre el uno y la otra, no sé quién pecaba más de pícaro.
    Conque los Dioses si bajan del Olimpo, solo que dejan obsoletos los medios para reseñarlo... Aquí pensando, ¿no tendrás enmarcado ese papel mojado?
    ¡Un abrazote, Isidoro! ;)

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    1. Muchas gracias, Fritzy. Te veo por aquí muy a menudo, últimamente, y eso para mí, es un privilegio. Aprecio sinceramente tus visitas y comentarios que siempre me sacan una sonrisa. Yo creo que, el pobre chaval estaba un poco abrumado por la colosal compañía, pero aún así, no perdía la oportunidad, ja ja...
      Ese papel mojado, enmarcado no está, pero si guardado como un tesoro de la era pre-digital, cuando, si no lo hacías a mano...Y tenía su encanto, como aquello de los carretes fotográficos, que no sabias como había salido una foto hasta que, días después, te la entregaban revelada... ¿Te imaginas? Y encima te la daban en papel, ja ja
      Un fuerte abrazo, Fritzy

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  4. Colosal es el adjetivo que mejor le sienta a la diosa Minerva, con 1'90 ha de dejar apabullado a más de uno y de una.
    He leído tu historia con una sonrisa, dibujo desnudos jajaja el tipo al final supo sacar partido a ese encierro forzoso.
    Besos

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    1. Hola Conxita
      Muchas gracias por leer y comentar. Lo cierto es que esa Minerva era una auténtica titánica. Pero además, bastante sorprendente en su comportamiento, para suerte de nuestro amigo. Aunque él piense lo contrario, nunca llegó a manejar la situación, ja ja
      Un beso enorme, Conxita

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  5. ¿Y quién no ha soñado con un momento tan glorioso como el que disfruta el protagonista? La diosa de la clase desnuda, con su 1,90 de inacabables curvas, frente a un apocado adolescente que tiene permiso para recorrer su cuerpo desnudo con la mirada sin perder detalle. Un momento que jamás borrará de su memoria y que guardará bajo llave junto al dibujo que realizó. Es un relato divertidísimo, con diálogos ágiles y descripciones precisas. Nos haces vivir un hilarante y excitante encuentro (imagino el sudor del protagonista, sus temblores y su cara de pardillo ante una situación que le sobrepasa). Como bien apuntas al principio, hoy en día probablemente la historia hubiera sido diferente. A veces, añoro "aquellos maravillosos años". Mucho ingenio y oficio, compañero. Un abrazo.

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    1. Muchísimas gracias, José R., Por leerme y comentar. Yo también añoro aquellos tiempos, la verdad. Quizás no sea más que algo que va con la edad, independientemente de la generación a la que pertenezcas, y reconozco todos los avances que está nueva era nos ha traído (creo que ya no sabríamos qué hacer sin internet), pero añoro realmente lo efímero de aquella realidad, cosas que no quedaban guardadas más que en tu memoria, en una foto sobada, un diario, etc... Pero que quizás por eso, tenían mucho más valor... En fin, no nos pongamos blandos, ja ja
      Me alegro haberte hecho pasar un buen rato, compañero de letras
      Un fuerte abrazo.

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  6. ¡Ayayayy! ¡La Titanic! Menos mal que Minerva no seguía la moda de huesos escuálidos al poder ¿En serio conociste a la Diosa del Olimpo… o te lo estás inventando? Menos lobos ¿eh?
    Tuve que buscar lo de los peplos y quitones, y mira, la diosa griega, como es lógico, tiene un vestuario adecuado.
    Sea como fuera, lo has contado de manera divertida, con frases impagables que no me resisto a copiar porque son geniales desde la efe mayúscula de sección femenina, los pliegues de su orografía, los centímetros de geografía, cada arteria de su hidrografía, y cada lunar de su astronomía.
    Y otra cosa ¿Cómo puedo sobornarte para que me chives de qué famosa, cantante o actriz se trata?
    Muy bueno lo tuyo Isidoro. Humor, imaginación y agilidad narrativa.
    Un abrazo apretao.

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    1. Ja ja, Isabel... ¿En serio preguntas a un aficionado a escribir relatos, si me lo estoy inventando?... Tú sabes tan bien como yo que, en todo lo que escribimos, hay un poco de cada cosa, ja ja... Pero, por ser tú, te contestaré y así disipo todas estas dudas, ja ja: Minerva no existe (que yo sepa), aunque tiene similitudes con cierta compañera de clase a la que nunca dibujé desnuda (ya hubiera querido, ya) y de la que no volví a saber nada (si llegó a ser famosa no lo sé) El dibujo es lo único auténtico. Y hasta ahí puedo leer. Ah, que lo de pelos y quitones era en sentido figurado, tal como el pardillo se la imaginaba, ja ja
      Muchas gracias por los cumplidos, Isabel. Y muchos besos

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    2. ¿La chica del dibujo... no está un poco bizca de "lolas" que dirían los argentinos?

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    3. Puede ser que el dibujante estuviese un poco nerviosito, y deformarse la perspectiva, ja ja

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  7. Magnífico texto, Isidoro, aunque quizá no tanto como esa Minerva, je, je, je... En serio, tu párrafo descriptivo es maravilloso. Desenfadado, brillante, gracioso, tal cual se debe describir para que el lector no lo pase de largo. Por no hablar de la cercanía del narrador que hace que nos identifiquemos con él como uña y carne.
    Y luego esas referencias griegas, como esos quitones y peplos... Como siempre un texto a gran altura. ¡Un fuerte abrazo!!

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    1. En mi caso, el proceso de pulido de un texto, es lento. Después de terminarlo,lo leo varias veces pero, aún así, siempre lo dejo reposar varios días y, entonces, lo vuelvo a leer. Esa última es como si estuviera leyendo el texto de otra persona y, la visión, es diferente. Siempre cambio cosas y, si no quedo satisfecho, nuevo ciclo. Me gusta distanciarme de la obra, ya sabes. Tú sabes de lo que hablo, es la única forma de meterse en la piel del futuro lector. Y aún así..., Ja ja
      Muchísimas gracias por tus comentarios compañero
      Un fuerte abrazo

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  8. Pues lo tiene todo este cuento, agilidad, frescura, sensualidad... se lee muy bien y además se lee con la intriga de saber como acabará la historia, si la Diosa inmortal terminará mostrando sus encantos o no. De haber ocurrido hoy en día seguramente el chaval le hubiera sacado una foto en un descuido y estaría recorriendo ya las redes sociales. Me queda la duda de saber si tienes mucha imaginación o hay algo de cierto en esta historia, en los comentarios nos dejas con la duda, pillín... en fin otra genial entrega de la serie que nos deja con una sonrisa. Un abrazo Isidoro.

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    1. Es curioso, amigo Jorge, que los relatos menos pensados (que no menos elaborados) son los más resultones. Será por esa frescura de la que hablas, ja.
      Lo que comentas de la foto era sobre todo lo que quería transmitir. Este relato, como todos los de la serie (ya te has fijado), tienen un aire retro, "vintage", pues hablan de cosas que ya no volverán a ocurrir... Salvo excepciones, claro. Por eso, el tiempo verbal del título de la serie es el pasado. Pero esto, tú ya lo sabes.
      Ah, y para resolver tus dudas, te remito a la respuesta que le he dado a Tara... Y no me tires de la lengua, ja ja
      Un fuerte abrazo amigo

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    2. disculpa que me mete en la conversación entre el amigo Jorge y tú..., pero es verdad, a mi me ha pasado que los relatos más espontáneos son, en ocasiones, los mejores. Claro que hay que trabajarlos, eso lo sabemos todos, pero de tanto repeinarlos y acicalarlos, es verdad lo que dices, que pierden cierta frescura y naturalidad. Son como esos niños que los haces posar para una foto, y cuando los pillas con la cara llena de churretes es cuando están para comérselos ;)

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    3. Tienes razón, a mi me pasa, algunas veces me paso repeinando al "crio" para la foto, y se hace el relato en exceso maquillado, pero para que un texto espontáneo quede bien escrito, hay que tener oficio... En fin, el equilibrio es difícil, pero supongo que es cuestión de práctica
      Besos

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  9. ¡Qué verde es tu valle, Isidoro! Y espero que también sea extenso, pues leo con ganas estas historias llenas de diversión picante con la que nos deleitas cada dos por tres.
    ¡Cómo debía ser la moza! La cara de pánfilo que se le tuvo que quedar al protagonista, con todos sus hormonas alteradas, tuvo que ser para retratarla. Je, je, je.
    Muy curradas las similitudes clásicas, sensuales y divertidas a partes iguales.
    Un abrazo, compañero.

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    1. Cómo está es una de esas series que no necesitan continuidad, sino que son relatos independientes bajo un mismo tema, o título, pues la verdad es que resulta cómoda, ya que escribes cuando quieres, sin la presión del nuevo capítulo, y con la ventaja de poder intercalar otras cosas. Así que, durará mientras la imaginación de de si, ja ja. Y espero que al menos sean unos cuantos relatos más. Las similitudes griegas me vinieron a pelo, ja ja: dioses, titanes... Y que mejor símil para describir a tal prodigio de la naturaleza, ja
      Muchas gracias por tu compañía y estupendos comentarios, Bruno. Me voy a tu blog, que me quede ahí antes del finde. Feliz semana

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  10. ¡Saludos! Hacía mucho que no navegaba nuevamente por tus mares de letras, y la vuelta ha sido altamente satisfactoria. El texto se las trae eh, cómo le haces eso al prota, ayúdale a buscar a la Titanic ya de adulta jaja, que él le enseñe el dibujo y vea su reacción :P

    Bueno, un placer sacar unos minutos para leerte, un abrazo.

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    1. Y yo que te lo agradezco, JC. Siempre es grata tu compañía, y más con los tiempos que corren (y esto lo digo porque, más que correr, parece que vuelen)
      Te he pensado en lo que dices. Creo que él ni se lo plantea, porque se siente incapaz siquiera de acceder a ella. Pero como yo soy su creador y todo lo puedo, a lo mejor le obligo y cuento la historia en un próximo relato, ja jaaaa
      Un fuerte abrazo, compañero de letras

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  11. Uuuf, podrías haberte hecho de oro si vendieses ese desnudo, jaja, claro que... los recuerdos de la adolescencia son sagrados. Poderosa Minerva que alcanza en tu pluma la categoría de inmortal. Me lo he pasado genial leyéndote, Isidoro. Me encanta la frase: "Me sentía como Fidias puliendo la piedra desde el andamio, a la altura del regazo de su Atenea Parthenos." Parece que te gusta mucho la mitología.

    Un placer leerte.

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    1. ¿Hacerme de oro?... No sé. Mejor si hubiese sido un selfie, ja jaaaa
      Bueno, me alegro un montón que te lo hayas pasado bien leyendo esta pequeña parodia. Es lo que más me satisface. Y si, me gusta la mitología, se nota, ¿no? Su pongo que se refleja en muchos de mis relatos.
      Un beso grande Manoli

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  12. Yo te creo, un escrito alucinante de una mente rica en palabras y sensaciones de la vida que no es diaria

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    1. Ja, ja, gracias Mucha, por creerme y por leerme. A fin de cuentas, la realidad está en las palabras. Y tienes razón, me encanta esa frase, "la vida, que no es diaria" Cada día es distinto en algo al anterior. Eso es la vida.
      Un beso enorme. Un placer tenerte por aquí.

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    2. Gracias no solo por tu comentario en recomenzar...sino por lo que eres como hombre
      beso

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  13. Muy buen relato, amigo. Jo... Termina en chasco pero es que no ha podido terminar mejor (espero que los siguenteslectores no lean mi comentario antes...) Una anecdota bonita, curiosa y divertida con toda la coincidencia de esa gran obra del cine del 98.

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    1. Sabes por qué termina en chasco? Pues, como todos los sueños… siempre termina en lo mejor. Y eso que, a nuestro afortunado protagonista le dio tiempo a inmortalizar a su diosa en el papel antes de despertar. Ya se puede dar por satisfecho. Por eso, y por no haber acabado como el Titanic de verdad.

      Muchas gracias por tu compañía Ana, y por tus palabras siempre amables

      Un beso muy grande

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