lunes, 4 de diciembre de 2017

Piel de lobo 2


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En el exterior, la noche aullaba su lamento invernal y sus quejidos penetraban a través de las rendijas de la madera podrida. Xoán, el corpulento campesino que calentaba sus hombros junto a la chimenea, despegó con dedos enormes el cigarro de sus labios y lo arrojó a las llamas con desprecio, como si el tabaco hubiese dejado de proporcionarle uno de los pocos momentos de reláx que se permitía a diario. Habló con voz cansada y no exenta de ironía.
—Yo tampoco doy nada por esa piel... Aunque no por las mismas razones. Si a mí me hubiesen dado veinte duros por cada lobo muerto, hoy era rico, fíjate.
—¡Carallo, moi alto picas!—intervino el lobero—. Nin a Xunta de Extinción chegou a pagar nunca máis de dez pesos por animal adulto.
«¡Antón!, Traime un pouco de ise caldiño que tes—continuó, mirando de soslayo a la anciana, que rebañaba su cuenco—. ¡Péganseme as tripas ca Fame!
El labriego había abandonado su lugar frente al fuego e, ignorando el comentario de Mauro, se encaraba al hostelero.
—Mira, Antón... Yo no soy amigo de cuentos ni fábulas y, aunque también puedo contarte alguna, te digo solo lo que estos han visto—dijo, señalándose a los ojos con los dedos en forma de uve—.
«El primer año que marchamos a las talas de Sanabria, dejé a mi Ronco, el pastor alemán, donde mi suegro. Cuando volví, me dijo que había desaparecido... Me refirió que estaba harto de amarrarlo y que el can se le escapase. Lo busqué durante tres días. Y lo encontré... Muerto a dentelladas, mientras intentaba atravesar los montes de O Courel para... volver a casa.
Por primera vez, la anciana levantó el rostro de su plato de sopa. Hebras de plata vieja cruzaban surcos profundos y, en el fondo, titilaba el brillo de unos ojos que parecían volver del abismo. La joven que tenía a su lado, permanecía absorta en las evoluciones de la única mosca que, contra todo pronóstico, resistía tenazmente a los rigores del invierno.
—Es raro que los lobos se vayan al perro...—reflexionó Antón—.
—Igual, como tu oso, se metió en su territorio—replicó Xoán, con cierto sarcasmo—.Tengo visto muchas cosas, amigo... En Sanabria, raro era el día que algún paisano no gritaba, «¡lobo no cortello!», para dar el aviso. He llegado a ver hasta media docena atrapados en esos curros de piedras, como locos por salir, sin mirar siquiera para el cabrito que les tenían atado al poste. Porque son listos los cabrones, pero no tanto... Y con todo, no había forma de terminar con ellos, matas uno y nacen diez... Pero lo de mi Ronco... Como eso sí que no había visto nada. Era fuerte, como tres de esos demonios. Sin embargo, lo habían destrozado... A esas bestias les da lo mismo... Cabras, vacas, perros...
—Homes...
Todas las miradas confluyeron en el lobero, que había pronunciado la ultima e inquietante palabra.
—Hay mucho cuento en eso—terció el cantinero Antón—, pero yo estoy por conocer a alguien que me diga que sufrió un ataque de lobo... Y digo de lobo porque, seguro que los perros de Xoán no se lo piensan si te cruzas en su camino...
—¡Pois aquí o tes!—afirmó el llamado Mauro, recabando de nuevo la atención de todos los presentes... Incluida la joven de la mosca, que amparaba su curiosidad al cobijo de un raído mandil, de modo que, tan solo las pequeñas manos que lo sujetaban, cruzado al pecho, delataban su edad—.
—levo no oficio dende que era neno—continuó el trampero, recostándose en la silla, que crujió bajo su peso—. O meu pai foi lobeiro... e o meu avó, ata onde recordo. E sempre foi un oficio respectado. A nosa e unha loita entre iguais, cada un coas súas propias armas. Nós cazamos ou poñemos celadas, pero sempre no seu terreo, sempre solos. O lobo e astuto, non se deixa trolear tan fácil... E ten dentes, afilados como coitelos... E nunca vai solo, sempre en cuadrilla.
El lobero hizo una pausa ante el plato de caldo caliente que acababa de dejarle Antón e, introduciendo la cuchara con apetito, se la llevó a la boca dejando descuidadamente que el líquido escurrirse por su espesa barba.
—Pero aquela noite de luar...— prosiguió, apuntando con el cubierto de palo a los dos hombres que, desde uno y otro lado del mostrador, le contemplaban expectantes—. Aquela noite... pasoume o que nunca dixera... Colleume fora, e tiven que refuxiarme no caseto do bosque...
«Levaba días nos pasos da besta, mandado pola xente do pazo. Ben é certo que, o que me dixo o Cosme, o capataz, poñía os cabelos de punta...
«Xa levaban moito tempo sufrindo os mesmos ataques que outros veciños. Eles teñen rebaños nas terras altas, e iso de que o gando pase a noite nos pastos, é carne fácil para o lobo. ¡E a eles que lles importa! Unhas poucas máis ou menos. Ata lles divirte saír a cazar de cando en cando e purgar un sangue por outra... Pero as fieras fixéronse máis atrevidas. Chegaron a faltar galiñas do curral e algún cabrito. Roldaban pola noite e aullaban dándose aviso. Fixeron máis batidas e mataron a moitos lobos, e os ataques pareceron parar. Ata que un día... Desapareceu a filla. Según todos, era unha rapaza rara, de poucas palabras, que adoitaba dar longos paseos soa. Mesmo algunha vez perdeuse polos camiños e tiveron que saír a buscala....

«Todo isto contoumo o Cosme, claro... Que eu, deses estirados non sei nada...

«Pois esa última vez, o único que atoparon foi algúns anacos de roupa con sangue e pegadas de lobo...

«Non sei moi ben por que me mandaron chamar, cando ata entón, eles mesmos bastáronse para dar caza ás fieras... Tampouco lles preguntei... Pagaban ben.

Tan solo el crepitar de las llamas podía escucharse mientras el lobero interrumpía su historia por unos minutos, con el fin de apurar el contenido de su plato.

—Como dixen—continuó al fin, enjugándose los labios con el dorso de la mano—,andei días tras el. Seguín o rastro dunhas pegadas enormes, profundas na neve, de grandes zancadas. Tiña que ser un animal moi robusto e, ao que parecía, un cazador solitario, astuto, dos que non se deixan coller nas lazadas nin nos buracos.

«Ata aquela noite. Pensei que andaba moi preto de collelo, e apurei o tempo. Colleume a escuridade e optei por quedarme no refuxio. Non quería ter un traspié. Un é aínda áxil, pero non un imprudente… Aínda que algo si que o fun.

«Escoitaba gruñidos moi preto, e movementos estraños entre as árbores. Estaba seguro de que me roldaba, o moi cabrón. Quería asustarme para logo desaparecer co amencer, como todos. Pero a Mauro non lle asusta un lobo, por grande que sexa. Agarrei a escopeta e saín fóra. Era unha noite de lúa e, si esa besta andaba por alí, non se me ía a escapar.

«Con todo… non sei que pasou. Aquel animal era o demo. Parecía estar en todas partes…

El viejo trampero recordaba, con la mirada perdida y los nudillos marcados por la fuerza con la que sostenía la cuchara.

—Axiña que lle sentía correr detrás de min, como vía os seus ollos brillantes provocándome desde a espesura… Disparei varias veces, pero nada. Era unha sombra huidiza… Ata que se me acabou a munición. Entón si que sentín medo. Botei ás presas cara ao caseto… Pero estaba moi lonxe. Sentín á fiera dando zancadas por detrás, gruñendo, saboreando a súa presa… E entón…

Todos en la cantina parecían estatuas de sal, pendientes del final del relato. La joven había perdido interés por la mosca y ahora, sus enormes ojos negros, escudriñaban los del lobero.

—Bo, —concluyó Mauro tras unos segundos, soltando el cubierto y alzando ambas manos con las palmas abiertas, a modo de alabanza a algún dios desconocido—, estou aquí, non?

Una sonrisa de huecos tenebrosos se abrió en su rostro. Descubrió parte de su pecho y señaló una fea cicatriz, con forma de estrella, que se marcaba bajo la clavícula.

—Caín na miña propia trampa…—dijo riendo—. No puñetero buraco que eu mesmo cavei e que nin sequera recordaba. Unha estaca atravesoume o meu ombro. Uns centímetros máis e matoume… Pero sería unha morte rápida… No fondo, tiven sorte, a trampa salvoume a vida. Cando mirei á boca do hoyo, antes de perder o sentido… Non sei… A dor xogoume un mal truco, porque crin ver unha sombra enorme, de ollos brillantes, que ría, véndome no fondo, malferido.

«Cando espertei, era día. Como puiden, saín do buraco. Non había rastro da besta. Desde aquel día, non quixen saber nada máis daquelas terras, nin das xentes do pazo, nin daquel lobo maldito…

—¡Iso non era un lobo!

La anciana se había puesto en pie, tomando la palabra. Ahora, el crepitar del fuego en el silencio, parecía anunciar aquello que, ninguno de los presentes, se atrevía siquiera a pensar.

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25 comentarios:

  1. ¡Cuánto tiempo sin publicar, Isidoro! Bueno un relato que nos transporta a un mundo rural en el que aparece la figura de ese, ya veremos, licántropo. Además, al estar escrito en gallego le da una atmósfera más auténtica a la historia. Ficción y clase de gallego por el mismo precio. Un abrazo!

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    1. Pues si, amigo David, unas cuantas semanas. Y lo he echado de menos, no creas. Pero ya sabes, esto no es lo que nos da de comer, y aunque realmente sea una necesidad, a veces las otras aprietan más, je je.
      En fin, que a ver si, poco a poco, vuelvo a recuperar algo de tiempo, y me activo.
      Me alegro que te guste el relato. Siento haberlo dejado a medias hace unos meses. En cuanto al gallego, esa era precisamente la idea. Y si lo he dejado así, en su lengua original (por lo menos en alguno de los personajes) es porque he pensado que no sería muy difícil interpretarlo.
      Muchas gracias por tu fidelidad compañero. Un fuerte abrazo

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  2. Cómo me alegra tu regreso, amigo Isidoro, la verdad es que te echaba de menos, y cuando te he visto aparecer en mi blog me diste una gran alegría, espero que vuelvas a retomar poco a poco las entradas, aunque a veces, no siempre se puede estar por aquí, pero lo importante es disfrutar cuando se está, como yo ahora he disfrutado leyendo este relato menos algunas frases que no he llegado a entender por estar escrito en gallego.

    Besos enormes y bienvenido.

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    1. Y a mi me alegra verte por aquí, María. No solo estoy contento por retomar la escritura, sino por volver a disfrutar de vuestros comentarios. El compartir es lo que da la vida a esto del blog. Siento que no hayas entendido algunas frases. Mi intención, como le dije a David, era darle ese toque de autenticidad que solo puede dar el lenguaje original, como esas pelis americanas donde los rusos hablan en su idioma y los subtitulando, ja ja. Seguro que la esencia, en todo caso, la as captado.
      Un beso enorme. Y muchas gracias por tu compañía.

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  3. Madre mía, Isidoro. Menuda lección de literatura y encima en la bella lengua de Rosalía. Me muero de envidia de lo bien que escribes. Enhorabuena y felicidades. Un beso muy grande

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    1. Bueno Ana, te agradezco infinito esas elogiosas palabras, pero vamos, tanto como "lección de literatura"... Aunque, viniendo de ti, me guardo el piropo, ja ja. Y lo de que tengas envidia, pues... Es mutuo. Porque para mí, tú eres de lo mejor por estos lares. !Hala! Intercambio de píldoras para la autoestima, je.
      Muchas gracias, Ana. Un beso grande

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  4. Hola, Isidoro. Como te han dicho ya los compañeros, has tardado mucho, pero este texto lo compensa con creces, amigo. Has recreado muy bien la atmósfera, tanto, que haces que el lector/a se traslade a la historia. Las escenas, tan típicamente gallegas, me han recordado a la gran maestra Emilia Pardo Bazán. He visto también mucha más fluidez y consistencia a la hora de usar la lengua gallega, nada fácil en la escritura incluso pata los que la hablamos, por la gran variedad de dialectos, si así pueden llamarse, pues no lo son estrictamente hablando, pero sí que según las zonas estamos muy influidos por el portugués (luxismos) y por Castilla (castelanismos). Me surge aquí una curiosidad ¿estás hablando el gallego de Orense, o Lugo? Por mi parte soy del oriente Orensán y es una zona limítrofe, que linda por un lado con Zamora (y Puebla de Sanabria) otro por Castilla, al otro Luego y al último Orense, que es al que pertenecemos (por pertenecer a algún lado), peto que guarda la misma distancia que el resto. Tu gallego es prácticamente el mismo que hablamos por aquí.

    La historia promete, y el tema, por ende, no podía ser más propio de esta zona.

    Más que un placer leerte, Isidoro.

    Besos.

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    1. Hola Manoli
      Encantado de tu visita
      Espero haber vuelto para quedarme mucho tiempo. Si has visto más fluidez y consistencia en el uso del gallego, es porque lo he cuidado mucho más. Tengo que agradecerselo al amigo Jorge. Pensé que, ya que me ponía, era mejor no quedarme en un remedo de gallego castellanizado y poner toda la carne en el asador. Eso sí, siguiendo mi primera idea, he procurado buscar expresiones fáciles de comprender en la medida de lo posible. El gallego que uso (tú lo has captado perfectamente, como no podía ser de otra manera) es mi propia lengua de origen, del sur de Lugo, cerca del límite con León y el Bierzo. Tierra de bosques impenetrables donde todo esto que cuento, tiene una realidad no muy lejana en el tiempo. ¿Conoces Samos, en el camino? Pues allí nací yo.
      Bueno maja, espero que te guste el resto, quedan sorpresas. Y mientras, me iré por tu blog a ver qué me encuentro
      Besossss

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  5. Perdona esas erratas del incordio del corrector, escribo desde el móvil, y no hay forma, siempre me cuela alguna (luego por Lugo, ay, que cruz...) :)

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    1. No me hables del corrector, ja ja. Pero también te digo que yo ya no se que haría sin él. Mira que no tengo los dedos gordos y, aún así, las teclas del móvil se me hacen minúsculas, ja ja

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  6. Bienvenido de nuevo Isidoro después de tanto tiempo, se te echaba de menos por estos lares, tanto publicando como comentando los relatos de otros compañeros.
    Este segundo capítulo no defrauda en absoluto, ambientación perfecta en esa Galicia profunda llena de leyendas, la taberna rural en invierno le da un misterio y una calidez especial, con esos personajes tan típicos que se dan cita en ella, y el detalle de intercalar frases en gallego, como has comentado, le aporta mayor autenticidad. Es de agradecer además el esfuerzo que haces por escribir en nuestra lengua, no siendo gallego aunque si descendiente de ellos, lo que tiene una dificultad añadida. Como gallego se agradece este pequeño homenaje a la lengua de Rosalía, como la ha nombrado Ana.
    Manejas la tensión a la perfección a través de los diálogos y esa historia que el lobero relata, más llena de incógnitas que de certezas, donde se aprecian perfectamente el miedo y la soledad ante el poderío de la bestia. Además te veo al tanto de la problemática del lobo en estas tierras, aludes al eterno debate sobre si en realidad el animal ataca a las personas o se trata más bien de canes salvajes, hecho en el que se mezclan leyendas con realidad y con la que me da la impresión que intentas romper una lanza a favor del animal.
    Nos dejas con un final que incita a querer saber como continúa la historia y qué nos tiene que decir la anciana sobre la bestia, un animal donde en el relato del lobero ya se le atribuyen características no muy lobeznas que ponen los pelos de punta.
    Esperemos que no tardes tanto en publicar la continuación. Un abrazo, paisano.

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    1. Hola Jorge, muchas gracias por la bienvenida y por regalarme uno de tus jugosos comentarios, tan bien recibidos como la lluvia en estos tiempos que corren.
      Has hecho un análisis muy acertado del relato y de la intención última del mismo. Varios personajes se encuentran en la taberna. Todo parece que gira en torno al lobo y a la visión que cada uno tiene del mismo. Tres han hablado. Veremos que nos cuenta el siguiente...
      Respecto al gallego, como le decía a Manoli, he puesto mayor empeño, ja ja, y ha sido en parte gracias a tus comentarios, que me han animado a ello.
      Te diré, paisano, que aunque vivo fuera, los diez primeros años de mi vida los pasé en tu tierra, y gran parte de mi familia sigue allí. Mi primera lengua fue el gallego, así que, a pesar de la falta de uso, algo habrá quedado, ja ja. Eso sí, tendrás que perdonarme muchos errores gramaticales, más debidos a las influencias locales que a falta de interés.
      Mezcla de leyendas y realidad, de visiones contrapuestas, interés y superstición. Seguiremos hablando compañero.
      Como siempre, muchas gracias por estar ahí. Tú aportación es para mí, inestimable. Un caluroso y fuerte abrazo

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  7. Hola de nuevo Isidoro, lo dicho se te echaba de menos compañero, un placer reencontrarte en mi blog y ahora con esta nueva entrega.

    Sobre este segundo capítulo pues que me has llevado directamente a esa taberna escuchando al lobero y ahora esperando que la anciana cuente también su parte.
    Creo que es un acierto mantener ese diálogo en gallego porque le da una sensación a todo el relato más auténtica, más de terruño, te imaginas a los personajes y crea un misterio junto con la atmósfera que envuelve el relato que atrapa. Estoy deseando la continuidad de la historia, intrigada me tienes.
    Besos

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    1. Hola Conxita
      Y yo encantado de volver. También os echaba de menos a todos los que compartís conmigo este pequeño espacio.
      Hasta ahora, todos habéis coincidido en que ha sido un acierto el uso de la lengua original. Pues me quitas un peso de encima, porque temía quitarle comprensión al relato.
      Como dice Jorge, espero no tardar tanto en publicar el resto, ja ja. Creo que os sorprenderá. Pero bueno, ya me contaréis.
      Un beso muy grande, Conxita

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  8. Qué bueno que has vuelto Isidoro.
    Voy a darle un repaso a Lobo I y ya te digo.
    No te vuelvas a escapar ¿eh?

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  9. Ya estoy aquí.
    Bueno, amigo Isidoro, si te interesa la opinión de una canaria en relación con el uso del gallego, te digo que leído desde fuera se entiende perfectamente sin perder la esencia local con la que has querido impregnar el relato, con muy buen criterio. Claro que no puedo entender ni distinguir que tipo de gallego es, si del norte, o del sur, o de…, pero en esencia, el cuento es universal, como el lamento de la noche invernal, aunque esté preñado del sentir gallego. La gélida naturaleza, los bosques, el monte, los lobos… el hombre y la fiera (la supervivencia)
    También me parecen los dos relatos, un trabajo maduro, escrito con seriedad y hondura, cuidando (como siempre haces), todos los detalles: el escenario, el clima y el climax, los diálogos, el ambiente, los gestos hoscos, la preocupación.
    Dan muchas ganas de seguir leyendo, así que no tardes en desvelarnos que ocurrió en esas tierras de meigas y lobos.
    Bicos.

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    1. Hola, amiga Isabel
      Siempre es un placer leer tus comentarios.
      Me gusta lo que dices de la universalidad. Creo que nuestra realidad la forjan los mitos, las leyendas. Y en esta tierra hay muchas. Sin embargo, aunque alguno de esos mitos forme parte integrante de este relato, quiero pensar que nunca se va a despegar de la realidad de lo humano. Aunque bueno, para hablar de ello, mejor esperamos al próximo capítulo. Intentaré que sea antes de tres meses.
      Hasta entonces, un beso grande. Y muchas, muchas gracias por tu compañía.

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  10. Qué bueno volverte a leer, amigo Isidoro. Y encima retomas tu piel de lobo, con ese siniestro ser que creo esconde un gran secreto.
    Reconozco que al principio me ha costado un poco la lengua gallega, pero a medida que avanzaba en la lectura me he acostumbrado hasta resultarme raro leer párrafos en castellano. Así que vas a tener que escribir pronto el próximo capítulo para que yo no pierda el ritmo, je, je, je.
    Un abrazo enorme, compañero. Nos leemos.

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    1. Bienvenido, amigo Bruno
      Bueno, aunque parece el principio de un largo relato de mitos y leyendas en gallego, lo cierto es que no es así. En breve podrás leer su conclusión. Así que no te preocupes, intentaré que la espera sea corta (ya habéis esperado bastante este capítulo). Por otro lado, quizás ni tengas tiempo para familiarizarte con la lengua gallega, ja ja. En fin, no puede ser todo. Yo te agradezco sinceramente el esfuerzo, compañero, y tu siempre agradable compañía.
      Un abrazo muy fuerte

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  11. ¡Qué alegría verte de nuevo por aquí, Isidoro! Nos has mantenido en vilo demasiado tiempo con este relato, ja, ja, ja. Espero que no haya sido por nada malo, sino porque hayas estado ocupado con otras cosas. Me ha encantado la historia del lobero, aunque me ha costado un poquito entender algunas palabras porque no sé gallego. Me imagino que tendrá una tercera parte, ¿no?
    ¡Un abrazote, amigo de letras!

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    1. ‌Es mutuo, amiga Noemí. Tenía ganas de volver (un poco de todo, exceso de trabajo, conflictos personales, en fin...). Y no creas que no me pesaba haber dejado el relato a medias, pero es que... ni lo había escrito, tan solo bocetado las ideas principales. Y me ha tomado su tiempo completarlo, no creas... Qué rápido se oxida uno.
      ‌Pero bueno, estoy aquí, que es lo que importa, dispuesto a dar guerra, ja ja
      Siento que te haya resultado un tanto complicado lo del gallego, pero no te preocupes, que en el próximo capítulo, le pondré solución.
      Espero verte por aquí, yo también te echaba de menos. Además, hace tiempo que no leo nada en tu blog (recuerdo que tú también dijiste que el verano te había parado un poquillo)... Espero que sea porque andas liada con cosas que te gustan... Ya me contarás.
      Un beso enorme, compi

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    2. Pues me alegro de que no sea nada grave como una enfermedad o algo así, que más de una vez he pensado en enviarte un correo para ver qué tal, pero luego pensaba: "¿Y si me estoy metiendo demasiado en lo que no debo y le sienta mal?". Por eso no lo hice...
      Como dices, yo también he estado liada desde el verano. Me he puesto a estudiar muy seriamente para las oposiciones y casi no tengo tiempo para nada más, salvo las obligatorias horas de descanso para no volverme loca, ja, ja, ja.
      En cualquier caso, me alegro de que hayas vuelto a las letras.
      ¡Un abrazote!

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    3. Comprendo perfectamente lo que dices. Y ya te digo que puedes escribirme cuando quieras. Todo lo más que puede pasar es que no te conteste de inmediato, pero siempre me hará ilusión. Seguro. Y repito, mucha suerte con los exámenes y a tope. Un abrazo enorme para ti también.

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